martes, 26 de junio de 2012

Cine: El Secreto de sus ojos: Reflejos sobre la vida.


¿Qué puede encerrar una mirada?
Todo: galaxias, imposibles, crímenes, vileza, amor, justicia, esperanza…
¿Qué hay en nuestros ojos que nos delata? Y ¿qué diantres hay en el corazón que nos mantiene otro día en la lucha?

Benjamín Esposito, funcionario judicial, también necesita conocer las respuestas, sobre todo ahora que regresa a su vida después de 25 años de ausencia, jubilado y con el afán de recordar, de escribir una novela sobre un caso criminal que trastocó su propia existencia.

El secreto de sus ojos (2009) de Juan José Campanella es sin más, grandiosa; situada entre el suspenso más eficaz y el romance más entero, sólo pide tu atención, no te juega sucio, recurre a tu inteligencia y a la capacidad de seguir una historia excepcional, para a cambio darte más de una sorpresa, más de dos horas de gozo cinematográfico, imágenes y diálogos para la memoria.


El secreto es el hilo de la madeja: descubrir al violador y asesino de una joven mujer, rastrearlo, atraparlo, lograr su condena, recordar y escribir todos los hechos y llegar hasta la luz final, en realidad significa: cicatrizar una herida, llenar un vacío, responder a una pregunta, es mirar y entender lo que fuimos, lo que somos y lo que podemos ser… o no: «Pero» Una palabra de mierda que sirve para dinamitar lo que era, o lo que podría haber sido, pero no es”.


La obsesión de Esposito (un Ricardo Darín espléndido) está puesta realmente en su propia vida, la que perdió de vista en cierta franja opaca. Si descubre al asesino en algunas fotografías es porque él mismo es el observador anhelante de Irene (Soledad Villamil, maravillosa), su jefa, de la que se enamoró desde el primer instante que la vio con su mirada fascinante, y la que es su inspiración y apoyo en ésta cruzada. Si persiste en la búsqueda es porque reconoce su propia pasión en el esposo, devastado por la muerte y al que no puede entender: “¿Cómo se hace para vivir una vida llena de nada?” Pero es Esposito quien debería responder.


Pero resulta que la nada está llena, de recuerdos y más... igual que parte del río de mi vida ahora, tal como el personaje que está atrapado yo “ya no sé si es un recuerdo, o el recuerdo de un recuerdo lo que me va quedando”... Por eso Esposito regresa, porque no quiere “tener mil pasados sin ningún futuro”, regresa entonces a saldar cuentas con el destino.


Es una gran obra, el inicio marca el pulso: bellas escenas y diálogos idílicos rotos con relámpagos de brutalidad, unidos con un terrón y medio de azúcar, hay sabores dulceamargos, claroscuros, objetos en primer plano que en vez de interferir abren el espacio y enfatizan las miradas (Hitchcock: citado, entendido, homenajeado). Su tratamiento del tiempo es nítido, puedes ir del presente al pasado sin aprietos, de la novela a la realidad, de la narración a la verdad, un bello trabajo técnico.


El viudo Ricardo Morales (Pablo Rago, con un actuación compacta) es quizá uno de los tipos más morales que la pantalla haya tenido, no quiere venganza, es en una palabra, la más abigarrada que puede haber, un justo, y como todos los justos no puede descansar hasta que la justicia se cumpla, persiste… y sus palabras aún resuenan: “Dijo perpetúa…”.


El escudero Pablo Sandoval (un Guillermo Francella encantador) aporta el buen humor, la camaradería y la mejor ebriedad que he visto, su solución y discurso sobre la pasión son gloriosas, para la memoria y el testimonio: ¿Te das cuenta Benjamín?  El tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar Benjamín. No puede cambiar de pasión”.

Y es así como podemos vivir, con la pasión que nos mantiene otro día en la pelea. 

Cada personaje es digno de simpatía, y hasta el asesino que simboliza lo malévolo de la historia argentina de los setentas puede merecer compasión, al final. Y es que aún en su dureza, en sus momentos de dolor y amargura, es una película feliz, al fin y al cabo nos muestra una mirada que quiere callar y habla, que quiere olvidar y recuerda, que quiere finalizar pero que recomienza...


El secreto de sus ojos de Juan José Campanella es una de esas películas de auténtica poesía filosófica, aborda los temas de veras importantes: amor, justicia, tiempo, memoria, pasión… vida, y lo hace de una forma tan hermosa, tan sutil entretenida y verdadera que conmueve con dignidad y solidez. Es como haber visto a través de un bello prisma como la luz se deshace y proyecta bellos reflejos sobre la vida, sobre ésta vida, la única...

Enrique López T.