miércoles, 21 de septiembre de 2016

TRES (8): EL SILENCIO, LA NASA Y EL SERMÓN

1. Escuché en domingo palabras nuevas que eran tuyas desde la invención del lenguaje o del relámpago, quizá antes. Escuché sobre milagros excepcionales que sonaban como polvo ácido frente al agua viva de tu sonrisa. El sermón no sirve, ni los periódicos, ni las noticias en la tele… no hablan de ti. El mundo está echado a perder.

2. Escuché que la NASA quiere hacer llover en Marte y eso me gusta. He de confesar que tengo la esperanza de que siempre esté lloviendo aquí, o muy cerca, o en otro país, o en otro continente… o en otro planeta, algo de esto me calma profundamente durante las peores horas del día, cuando el hastío es violencia y el lenguaje se agota sobre la última línea rota. 

3. Escucho al silencio, escucho cómo hierve… tú sabes que quien es amo de su silencio es dueño de una espléndida bestia que tiene el poder de extraer corazones enteros o de poner partículas de locura en el basamento de la mente, o de descansar plácidamente en medio de la peor guerra que se lleva a cabo dentro del alma, a un lado de las creencias, las dudas y el insomnio; en el silencio que me das cada día está la vida y el Secreto de Dios… y es lo que no entiende la NASA, ni el sermón.


Enrique López T.

lunes, 19 de septiembre de 2016

CINE: THE NEON DEMON, LO IRREPETIBLE Y LA IMITACIÓN

Extraños son los caminos de la creación, el arte es un juego de ritmo y encuentro por el cual si se conjugan forma y fondo puede producirse algo que trascienda el sentido, Nicholas Winding Refn tuvo la suerte de ser tocado una vez por la Gracia: con este don sumado a su acucioso trabajo de dirección, a su ojo geómetra y susceptible sólo al alto contraste, a su gama de colores y obsesiones (hay más que inspiración en el cine) no sólo produjo uno de los mejores westerns de las últimas décadas sino que vino a refrescar el panorama del género de acción que late con cierta vena filosófica o búsqueda ética (al puro estilo danés… Hamlet con martillo a escena) y en ambos casos me refiero, ni más ni menos, que a Drive de 2011.

A la distancia (poca en realidad) Drive se percibe como una obra enorme, entera. Te lanza a las estepas de la soledad y del silencio electrónico, a la hazaña y al peligro, al duelo… al encontronazo de dos fuerzas llevadas por su destino y deber (más allá de una visión maniquea), te muestra al (anti)héroe ofrendando su vida por salvar a la mujer en peligro de la que, por supuesto, está enamorado y, si bien, enarbola un amor malogrado nunca pierde la esperanza, incluso si se enfila hacia el atardecer sin rumbo conocido como en los clásicos del western. Y todo con una poesía del espacio y del tiempo, con rigor gestual, con una gama que anega tanto como el vívido soundtrack, en suma con esa estética refrescante de la violencia que nace de la calma absoluta y que por ello salpica sangre a través de la pantalla.


Drive es una obra irrepetible, tiene el sello indeleble de la Belleza y de la Gracia… ostenta la autenticidad tintineante de la plata contra la plata. Dejó la marca muy alta incluso para el propio director que en su siguiente trabajo decepcionó a muchos con Only God Forgives, la estética de nuevo era enloquecedora pero menos que el argumento y ya daba muestras de “progreso” en la transgresión. Transgresión que parece haberse coronado en el más reciente film del director danés: The Neon Demon. Quizá sea injusto afirmarlo pero creo que, en el fondo, es otro intento por imitar lo irrepetible, por imitar lo que Drive logró pero en vez de apuntalarse en el western Nicholas Winding Refn lo hace desde el cine de explotación. 

Paradójicamente el tema de la película es lo que intenta contradecir, negar a toda costa: no se puede imitar lo irrepetible, por más que se redunde en la gama de alto contraste, la toma geométrica, la música electrónica… hay un espíritu que no puede copiarse o replicarse, sobre todo si no se intenta. En parte, por este acto de impostura la cinta ha cosechado abucheos y rechazo. Y digo en parte porque la cinta se desarrolla en un nivel de energía contenida, demasiado contenida, nunca logra explotar como se espera, nunca llega a esa nota de mal gusto que se requiere, ni siquiera toca a la puerta del escándalo, ni ronda los templos de la repulsión, la misma que debió volcar cada sala de cine en la que se presentara, si es verdad que es el cine de explotación es el favorito del director.

De esta suerte, The Neon Demon se queda siempre corta, siempre, su desarrollo apunta hacia una perversión que nunca se logra, y al final deja solamente un sentimiento de insatisfacción, lo cual es terrible si se tiene en cuenta que estamos en los terrenos del cine de explotación, donde saciar esos “placeres transgresores” es lo menos que puede pedirse, ni siquiera la culpabilidad se siente aludida y el aquelarre pasa indiferente. The Neon Demon se diluye en su propio fulgor mortecino, en su propia sombra débil. Adelanto mi conclusión: no tiene vitalidad. Nicholas Winding Refn ya ha llevado demasiado lejos el juego de la anemia existencial y con su intención mustia le quitó todo a su cinta, dejando sólo una piel vieja de víbora. Repito: carece de vitalidad. 



Y es que esto es demasiado grave si tomamos en cuenta que este cine de los gustos y los placeres culposos precisamente abreva del poder de la vida, llevada hasta los límites del sexo, del tabú e incluso de la muerte, precisamente «explota» el “reverso de la vida” que se traduce en el gusto lascivo por la violencia, por las perversiones y transgresiones sexuales, por el erotismo duro, por el crimen o el consumo de drogas extremo, es decir, los temas moralmente inaceptables o socialmente escandalosos. Pero tampoco el reverso de esta postura funciona: no vale denunciar la explotación de la mujer mostrando mujeres explotadas, anula la potencial crítica social.

Asimismo el apunte intelectual tampoco es original, ni mucho menos sorprendente: habla de la singularidad del ser humano que puede perderse en la masa por más brillante que esta sea, habla de que la auténtica decadencia deriva de la pérdida de cierta inocencia que resultaba esencial para este ser puro entre los lobos de una industria de por sí perversa, pero completamente atractiva, atrayente; por eso en cuanto la protagonista se sabe bella, en cuanto se sabe poderosa a causa de su candor, en cuanto se sabe envidiada a causa de su éxito, es decir, en cuanto se entrega (y no con demasiado deleite) al narcisismo sabemos que su caída está próxima, que ha perdido en el camino algo esencial, pero ni siquiera sabemos qué, ni siquiera nos importa. Otro de los grandes líos que tengo con la película, no despierta el interés humano, los protagonistas a pesar de su belleza o por ella misma son, intrascendentes. Incluso la protagonista Jesse (Elle Fanning) se va diluyendo cuanto más nos acercamos a la otra orilla. Por supuesto que se deja ver la cinta, por supuesto nos quedamos hasta el final por la pura expectativa de que suceda algo, de que algo cumpla, por fi, la promesa, pero…


Y es que la forma en que ocurren las cosas al final, mezcla de vampirismo lésbico, canibalismo y horror, incluso de thriller con toda la sofisticación de la alta costura repleto de metales y ojos vacíos (en un claro homenaje al sub–sub–género giallo) no es la más afortunada: le resta más sentido de lo que le aporta en impacto (risas en la sala en vez de sobresalto u horror), y tampoco logra ese escándalo o esa repulsión que la película necesitaba con desesperación pero desde la mitad de su desarrollo; The Neon Demon se muere de nada. Si bien, como viene haciéndose costumbre, la estética podrá sustentarla y quizá sorprenda a algunos no demasiado cercanos al cine de explotación, pero al tiempo el oropel se caerá y acabará por hundirse en su propia diamantina. 

Y hablando de naufragios creo que reconocí ese punto de quiebre: más allá de un inicio interesante y hasta prometedor hubo un momento sobre el brillo de unos ojos asustados delineados con oro y en un inquietante closeup diagonal… en que honestamente hubiera apostado por Nicholas Winding Refn para conciliar el cine de explotación con el cine intelectual, y eso hubiera sido magnífico, pero no se atrevió, tuvo miedo de dar ese paso al vacío y al caos, al lado irracional de la vida; y ni siquiera creo que sea un “triunfo” del “buen gusto” o del “intelectualismo” sino una “derrota” de la “audacia” y del “vigor existencial” puesto que es un cine que se ha hecho desde siempre, de verdad. merecía una revisita y una reinvención. Algo está mal si el sexo, la violencia y la belleza pierden su atractivo enmarcados en esa pantalla que puede admitir cualquier sueño, todos los sueños, algo está mal si esa anemia vital nos parece de algún modo maravillosa.


Enrique López T.

jueves, 8 de septiembre de 2016

miércoles, 7 de septiembre de 2016

lunes, 5 de septiembre de 2016

DEL DOLOR (4): AMBROSÍA

Extraños son los caminos de Dios. Extrañas son las confluencias de Dios. Extraño es Dios, y nos sobran razones para afirmarlo. Mira, por ejemplo, tener un alma implica al mismo tiempo una coordinación y una subordinación con aquello que somos en el tiempo, contra el tiempo, contra nosotros mismos, sin que haya modo de explicarlo; somos algo que piensa y algo que siente, un organismo y un mecanismo metidos en el mismo lugar y en el mismo instante, en el mismo saco de carne y sangre, y huesos, en el mismo espíritu que se pierde en las teorías ontológicas y en los viajes diurnos en el Metro… todo esto si es que tienes el buen gusto de reconocer que, el verdadero hombre, no el santo, no el sabio… está escindido de este modo. Cada hombre carga completa la ‘condición humana’ desde los primeros tiempos en que nos levantamos contra las bestias, y hasta las últimas destrucciones cósmicas que darán paso por completo al todo o a la nada, quién podría saberlo. Pero incluso estos caminos, para mí, distintos y contradictorios (en el alma real que pide cerveza los domingos) llegan a los mismos sitios y se entrecruzan; y de cierto modo, ya no sabes en cuál camino andas y hacia dónde te tira el destino, sólo te digo: atiende los avisos y cuida tus ojos. Puesto que hay que juzgar a un hombre según su propio trayecto, según sus propias circunstancias, y es que hay tanta diferencia entre nosotros y los demás, como entre uno y uno mismo, somos unos completos extraños, somos nuestro peor enemigo, el lobo y el coyote, el perro… ¿cuántas veces no te pusiste a ti mismo frente al paredón de fusilamiento, cuántas veces no diste la orden y apretaste el gatillo? Yo, innumerables veces, y mientras ponía aquel revólver en mi frente, repitiendo la misma canción de Jaime López en el estéreo… pensaba que el dolor extremo, el suplicio… abren exactamente las mismas puertas que la mejor de las meditaciones, el dolor es una meditación precisa que vuelca sobre sí todo el universo; por eso el sufrimiento está tan arraigado en las religiones, no sólo en las del libro, tan incomprendidas las pobres por sus letras y sus demonios; por eso la religión es parte decisiva de cualquier civilización, de la Civilización… no como doctrina, no como trascendencia, sino como un grito que desgarra la Nada por dentro… y en esto consiste toda la relación con los divino: hay que saber que esos caminos del pensamiento y del dolor van a dar a la misma puerta, al mismo sitio porque, desde siempre... nuestro dolor, ha alimentado a Dios.


Enrique López T.

jueves, 1 de septiembre de 2016

LLAGA CERRADA, DOLOR ABIERTO, CÁPSULAS DE VACÍO

La noche y tus dos jazmines, la noche y el loto del pensamiento que se deshace en el agua, alcohol reverenciado por las grullas. Verano en el muro. La tersura que el fuego falsifica está cantando en mi alma un “te amo” que envenena el mañana con colores de sangre vertida sobre la grieta secreta del mundo. Algo más hondo que la noche, algo más blanco que tus dos jazmines y más exquisito el sabor entre ellos, algo más suave que el fuego, algo más mortal que tu recuerdo, algo más que un sacrificio ritual… quizá un silencio, alto silencio, sin descanso y que también puedan oír los muertos.



Enrique López T.

martes, 30 de agosto de 2016

BENGALA

Se deshace el día entre las manos.
Los colores se extienden por sendas que sólo la sangre conoce.
El ruido empieza a envolverse entre sábanas de un blues desafiante,
de un cloroformo exquisito
como las soledades que se acompañan tras los almanaques
que recorres buscando el tiempo redondo.
La luz está atrapada en esa esfera.
Habitas en los filos y en esos colores,
en mis labios que ya no dejan de nombrarte,
en la lucidez de lo ausente, 
locura del resto.
El sonido está atrapado en ese vacío.
Alternamos escenario con el sueño y el silencio,
con el trabajo y el naufragio de a lado,
con la televisión y con el hambre.
Mi amor está atrapado en esos ojos. 
Faltan ríos,
sobran dioses,
faltan horas,
sobran los mapas,
falta una partícula que nos de presencia
tras los telones de lo cotidiano;
y así, la sucesión es dislate para el tigre. 
Selvas hay
y ciudades perdidas en las estrellas más brillantes.
Extinción de dioses.
El laberinto está hecho de obsesiones
y el tigre recorre la casa buscando la presa que lo asesine.
Eternidad falsificada de domingo a lunes. 
Eternidad que le robo a la noche. 
Esta es la tierra prometida, 
la uva criando vino,
el beso tramando el palacio, 
la semilla de una luz heráldica, 
el hilo de una gran historia 
que nadie escribe en el costado de su alma, 
sino en los signos de la noche.
Se deshace el día en signos
de una extraña heráldica
que no cesan de preguntarte:
¿Quién te mató, tigre…?
Una libélula...


Enrique López T.

miércoles, 24 de agosto de 2016

REFRACCION (1): LA MUERTE DE LA ESPERANZA

Mis relaciones con «el ideal moral» son difíciles, «el ideal moral» sólo puede ser considerado bajo un aspecto sentimental y en ese campo… fallo miserablemente. La esperanza también contribuye con este fallo subjetivo, dado que «el ideal moral» debe ser asumido como si el futuro lejano que supone o presupone, ya estuviera aquí sin que esté, lo entiendo algo así como un sueño que va haciéndose realidad a la medida en que se desarrolla, a cada paso pero dentro de otro sueño aún más extraño. Pero según mi experiencia el despertar es bastante duro y el sueño se colapsa ante el primer error moral, por esto ese sueño rara vez se presenta… «el ideal moral» entonces luce como inalcanzable. Mi punto es que, la esperanza es un «todavía–no», ésta es su esencia, parte de la substancia que mantiene el corazón arriba, despierto en la noche, expectante de la luz que ha visto, sin antes verla (esto sí puedo hacerlo). Y he aquí el contratiempo, en cuanto la esperanza se cristaliza deja de ser… sólo la muerte de la esperanza, le da vida a «el ideal moral», y no sé si valga la pena sacrificarla.


Enrique López T.

lunes, 22 de agosto de 2016

PASAJE

Para Gretel          

La luna se va ahogando en esos ojos que ya sólo puedo ver en sueños. El paraísosiempreparaíso se marcha en el tren de medianoche, sin alma, sin maletas, sin boleto de regreso. Naufraga. La fuga precipita aquel diluvio universal y este concierto de oboes envenenados, entrecoro balístico, rezo unánime para un Dios sin manos. Todo es profundidad y distancia, velocidad de pañuelitos blancos que se corren no al rojo, sino al relámpago, don de olvido, silencio, pasaje entre dos misterios, el del corazón y el de tu regreso. Toda la melancolía cabe en una botella y sin embargo, continuamos sedientos Brindo más que por los extranjeros por los extraviados, de quienes es el mundo. Añoro  los caminos de tu mano, también añoro un rumor de hojas entre el vidrio preso que tintinea en los sentidos, como la plata de los mirlos en vuelo. La sed de fuego no tiene remedio… y para colmo incendias la lluvia con tu sonrisa de marzo. La nueva temporada se abre paso, orgullosa de las heridas que provoca porque la ciudad tiene frágiles los pétalos y mortales las heridas. Beso que te deja en la muerte, aún más vivo, mirando esos ojos… mirando esa sonrisa


Enrique López T.

miércoles, 17 de agosto de 2016

SCIENTIA (11): MONOLOGÍA

Tengo la firme convicción de que cuando los animales imitan a los humanos, cuando caminan en dos patas siendo cuadrúpedos, o bailan, o tocan el piano, o usan corbata, o es más… cuando utilizan herramientas rudimentarias para comer termitas o alcanzar los mejores frutos se están burlando de nosotros. Desconfío de todos los animales cirqueros sobre monociclos, carromatos o con camisas hawaianas, desconfío de aquellos que posan para la cámara con “actitudes humanas”, desconfío de todas las mascotas vestidas de bebes y de niños idiotas… pero sobretodo desconfío de sus dueños; siempre he creído que con cada respiración traicionan a la especie humana… que, en caso de alguna invasión extraterrestre, serían los primeros en entregar la Tierra sin antes pelear, sin esperar a que algún noble científico gringo descubra que los invasores son alérgicos al topfenstrudel, al mole de olla, al agua de tlacote, a las películas de Tarkovsky o a la música country, tal como Hollywood amablemente nos lo ha demostrado innumerables veces. Pero volviendo al punto… de todos los animales los peores son los monos, casi siempre se están burlando, son como esos primos mojigatos, bien portados y obedientes que no se apartaron del buen camino que Dios trazó, por lo que siguen siendo monos. Por eso nos miran con su irritante cara de felicidad constante, sintiéndose superiores, imitándonos y burlándose abiertamente de nuestra ardua condición humana. Son tan ruines que incluso los creo capaces de romper las leyes de la probabilidad por la cual uno o mil de ellos provistos de máquinas de escribir (Remington, por supuesto) “accidentalmente” escribirían Hamlet. Es sabido que, la cantidad es infinitesimal, que la probabilidad es nula para propósitos prácticos, casi cero, pero no cero, puesto que en este juego de la realidad aún es posible… De ahí que haya más posibilidades de que Shakespeare pudiera haber escrito una tragedia sobre Tarzán, y que saltando y gritando animosamente y moviendo azarosamente los brazos pudiera encontrase a sí mismo trepando los árboles, columpiándose de liana en liana, gritando en mitad de la jungla... quizá al amparo de algún vino o de la locura menos melancólica que el inmortal bardo haya experimentado. Por ello, quizá el proverbial mono dactilógrafo ya está terminando ese precioso engarce que dice:

Alas, poor Yorick! I knew him, Horatio: a fellow
of infinite jest, of most excellent fancy: he hath
borne me on his back a thousand times; and now, how
abhorred in my imagination it is! my gorge rims at
it. Here hung those lips that I have kissed I know
not how oft. Where be your gibes now? your
gambols? your songs? your flashes of merriment,
that were wont to set the table on a roar?...


Enrique López T.

lunes, 15 de agosto de 2016

ARCHIVO: INCEPTION, EL PRESTIGIO DE LO APARENTE

“El sueño es una segunda vida.    
Nunca he podido traspasar,    
sin sentir estremecimiento,    
las puertas de cuerno o marfil    
que  nos separan del mundo invisible”.    

—Gérard de Nerval, “Aurélia”.    


Todo acto de magia define un bello engaño, uno que estamos dispuestos a creer porque nos gusta maravillarnos, o quizá, porque nos gusta sentir que la realidad no es tan sólida, tan inalterable como a diario se obstina en demostrarnos. Christopher Nolan es eso, un mago, un ilusionista, en una de sus mejores cintas The Prestige (El gran truco, 2006), ya planteaba cómo la magia y la presencia de un doble pueden trastocar lo Real. En Inception (El origen, 2010) va un nivel más allá, al abordar los sueños de un modo muy particular.


Primero, les quita paradójicamente su calidad onírica, es decir, no refleja la “lógica” o falta de lógica de los sueños, no hay combinaciones o digamos “desvaríos” tan marcados o vertiginosos, ni símbolos universales reconocibles que invoquen cierta mitología o “psicoanálisis”, sino que inserta el orden de lo real en el sueño, precisamente para cuestionar la realidad en sus propios términos; por ello, los efectos son sorprendentes si se piensa conforme a las leyes y fuerzas físicas de lo Real, sin embargo, en el terreno de los sueños serían la regla y no la excepción.  

Segundo, mantiene su calidad sapiencial, el sueño sigue siendo esa ciudadela donde se vierte cierto conocimiento individual y colectivo, en estado puro. Desde siempre y sobre todo en la Antigüedad se reconoce que durante el sueño se revelan secretos, miedos, problemas, soluciones, esperanzas, deseos (a veces inconfesables) y todo el potencial del ser, que se confronta sin máscaras a su propio yo. Los sueños son la imagen de nuestra vida y, en el fondo, están hechos de la misma materia.


También gracias al sueño nos acercamos al misterio de la muerte, por este simple acto de cerrar los ojos, desaparecer para éste mundo (o más bien hacer desaparecer éste mundo) y acceder a otro que, parece ser real durante el trance, si bien hay grandes saltos en la continuidad, a veces tenemos la certeza de que aquello que ocurre es verdadero, incluso la sensación dura más allá del sueño, cuando nos despertamos con la experiencia de lo “vivido”–soñado. Y es que por contradictorio que parezca, el sueño también permite experimentar en ese extraño espacio–tiempo, el poder de la vida a todo su tamaño y esplendor sin limitaciones terminantes, pues el sueño es liberación, locura, conciencia, desafío, confesión, revelación y reconocimiento.   

Así, Inception explota las relaciones entre vida, muerte, vigilia y sueño, y lo hace mediante por reiteración, negación y contradicción a través de una veta cinematográfica de suspenso y acción que lo mueve a través de distintos niveles. El hecho de que un sueño pueda ocurrir dentro de otro, y otro, y otro… dilatando el tiempo y rozando una falsa eternidad, provoca una metamorfosis de la vida y su sentido, porque deja de ser una sola, única y además restringida Realidad; a la vez que también altera el sentido de la muerte porque deja de ser su límite definitivo, la muerte parece constituir el regreso a la vida verdadera, pero tarde o temprano no habremos de encontrar con el muro obscuro, el definitivo, la nada en estado puro. Y aquí es donde el artista realiza la prestidigitación.



A mi parecer lo que define la película no es lo adictivo de los sueños o lo peligroso de una idea, sino la culpa, y lo que define a la culpabilidad es esa trasgresión originaria que Cobb cometió contra su esposa, en ese espacio vital donde se es más creativo y poderoso, es cierto, pero también donde se es más vulnerable, el corazón del ser está expuesto, ya no hay forma de protegerse, se ha traspasado la última máscara, la última muralla que resguarda al yo de esos peligros.  

Cuando en los vastos y fértiles campos del sueño y bajo el cielo de la conciencia, el corazón se desangra herido de remordimientos, entonces la culpa ya ha impregnado el universo entero y tornará todas las fuerzas del inconsciente, no contra el “soñador”, sino contra el culpable que está soñando. Y es que hay que saber que, con mucha frecuencia, el monstruo que nos persigue en los sueños también somos nosotros.


Por ello, Cobb (un funcional Leonardo DiCaprio) es un ser resentido consigo mismo, llevado por la culpa se persigue con la proyección de Mal, su esposa, y se aferra a ella y a su pasado juntos, porque representa su felicidad y porque no es capaz de perdonarse por lo que hizo; es de resaltar que busca su castigo en el ámbito donde cometió la falta, y huye de la justicia humana comprometiendo su futuro. A pesar de ser un navegante, no viaja ligero, carga en su alma todo el peso de una vida (casi eterna) y está enganchado a ese tren que siempre aparecerá amenazante, rompiendo, irrumpiendo, golpeando, saboteando los planes de un futuro, y esto si lo piensan bien es aterrador.

Esto demuestra que todos los sueños felices son un deseo por retornar al paraíso perdido, por ello Cobb no puede dejar de soñar, no quiere dejar de recordar, no quiere dejar de buscarla y sobre todo quiere mantenerla viva, en ese espacio donde está viva, él mismo aunque lo consuma la culpa. Pero esta situación que nos muestra la cinta también demuestra que todos los malos sueños son un anticipo del Infierno que nos espera, ese Infierno cuyo camino está pavimentado de buenas intenciones, como la de Cobb para que Mal retornara a la realidad “verdadera”; pero una vez que él mismo sembró la duda ¿cómo reconocer lo real? Este leit motiv de la película no sólo es profundo y elegante en términos cinematográficos, siendo el cine un juego de espejos, sino también en términos filosóficos.


La aventura sucede espléndidamente con grandes recursos cinematográficos, la grandilocuencia es notable, pero auto-contenida en ese espacio onírico; y tal como el héroe mítico que entra en ese terreno hostil de su propia psique a lograr una hazaña, esto es a enfrentar sus propios temores y culpas, Cobb y sus “argonautas” lo hacen de la mano de los tejedores y de los ladrones de sueños. Pero el héroe sueña para entender, y he ahí lo bello del mensaje, que es responsable de sus actos aún en esa Tierra de posibilidades, que debe rescatar a los caídos y que es hora de dejar el pasado, pues sólo así podrá retornar con el tesoro anhelado, un futuro con sus hijos. Pero entonces el ilusionista Nolan vuelve a jugar con nosotros…  

¿Qué pasó al final? No lo sé… hay varios puntos de ruptura que dan posibilidades ilimitadas de interpretación de lo que pudo y no pudo ser, sobre qué es los Real y lo Onírico, pero me dirijo a un desenlace que me parece no cancela los demás finales y que me deja tranquilo, y este es el siguiente: por el bien de Cobb, de su equipo, incluso por el bien de nosotros espectadores, espero que la pirinola se haya detenido porque está en juego no sólo lo Real sino la confianza en el futuro, porque debemos ser más misericordiosos con aquel que se atreve a soñar y con el que se quiere responsable de sus actos, y sobre todo porque el Cine, sueño colectivo, ya es el único lugar donde (casi) se admiten los finales felices.


Enrique López T.

miércoles, 10 de agosto de 2016

QUANTA {TROVADOR}

Quiero cantar para olvidar,
          pero entre más canto
          más recuerdo;
y el dolor me hace a cantar otra vez…

     ¡Ven,
     ven por Dios,

     ¡córtame el cuello!!


Enrique López T.