miércoles, 24 de agosto de 2016

REFRACCION (1): LA MUERTE DE LA ESPERANZA

Mis relaciones con «el ideal moral» son difíciles, «el ideal moral» sólo puede ser considerado bajo un aspecto sentimental y en ese campo… fallo miserablemente. La esperanza también contribuye con este fallo subjetivo, dado que «el ideal moral» debe ser asumido como si el futuro lejano que supone o presupone, ya estuviera aquí sin que esté, lo entiendo algo así como un sueño que va haciéndose realidad a la medida en que se desarrolla, a cada paso pero dentro de otro sueño aún más extraño. Pero según mi experiencia el despertar es bastante duro y el sueño se colapsa ante el primer error moral, por esto ese sueño rara vez se presenta… «el ideal moral» entonces luce como inalcanzable. Mi punto es que, la esperanza es un «todavía–no», ésta es su esencia, parte de la substancia que mantiene el corazón arriba, despierto en la noche, expectante de la luz que ha visto, sin antes verla (esto sí puedo hacerlo). Y he aquí el contratiempo, en cuanto la esperanza se cristaliza deja de ser… sólo la muerte de la esperanza, le da vida a «el ideal moral», y no sé si valga la pena sacrificarla.


Enrique López T.

lunes, 22 de agosto de 2016

PASAJE

Para Gretel          

La luna se va ahogando en esos ojos que ya sólo puedo ver en sueños. El paraísosiempreparaíso se marcha en el tren de medianoche, sin alma, sin maletas, sin boleto de regreso. Naufraga. La fuga precipita aquel diluvio universal y este concierto de oboes envenenados, entrecoro balístico, rezo unánime para un Dios sin manos. Todo es profundidad y distancia, velocidad de pañuelitos blancos que se corren no al rojo, sino al relámpago, don de olvido, silencio, pasaje entre dos misterios, el del corazón y el de tu regreso. Toda la melancolía cabe en una botella y sin embargo, continuamos sedientos Brindo más que por los extranjeros por los extraviados, de quienes es el mundo. Añoro  los caminos de tu mano, también añoro un rumor de hojas entre el vidrio preso que tintinea en los sentidos, como la plata de los mirlos en vuelo. La sed de fuego no tiene remedio… y para colmo incendias la lluvia con tu sonrisa de marzo. La nueva temporada se abre paso, orgullosa de las heridas que provoca porque la ciudad tiene frágiles los pétalos y mortales las heridas. Beso que te deja en la muerte, aún más vivo, mirando esos ojos… mirando esa sonrisa


Enrique López T.

miércoles, 17 de agosto de 2016

SCIENTIA (11): MONOLOGÍA

Tengo la firme convicción de que cuando los animales imitan a los humanos, cuando caminan en dos patas siendo cuadrúpedos, o bailan, o tocan el piano, o usan corbata, o es más… cuando utilizan herramientas rudimentarias para comer termitas o alcanzar los mejores frutos se están burlando de nosotros. Desconfío de todos los animales cirqueros sobre monociclos, carromatos o con camisas hawaianas, desconfío de aquellos que posan para la cámara con “actitudes humanas”, desconfío de todas las mascotas vestidas de bebes y de niños idiotas… pero sobretodo desconfío de sus dueños; siempre he creído que con cada respiración traicionan a la especie humana… que, en caso de alguna invasión extraterrestre, serían los primeros en entregar la Tierra sin antes pelear, sin esperar a que algún noble científico gringo descubra que los invasores son alérgicos al topfenstrudel, al mole de olla, al agua de tlacote, a las películas de Tarkovsky o a la música country, tal como Hollywood amablemente nos lo ha demostrado innumerables veces. Pero volviendo al punto… de todos los animales los peores son los monos, casi siempre se están burlando, son como esos primos mojigatos, bien portados y obedientes que no se apartaron del buen camino que Dios trazó, por lo que siguen siendo monos. Por eso nos miran con su irritante cara de felicidad constante, sintiéndose superiores, imitándonos y burlándose abiertamente de nuestra ardua condición humana. Son tan ruines que incluso los creo capaces de romper las leyes de la probabilidad por la cual uno o mil de ellos provistos de máquinas de escribir (Remington, por supuesto) “accidentalmente” escribirían Hamlet. Es sabido que, la cantidad es infinitesimal, que la probabilidad es nula para propósitos prácticos, casi cero, pero no cero, puesto que en este juego de la realidad aún es posible… De ahí que haya más posibilidades de que Shakespeare pudiera haber escrito una tragedia sobre Tarzán, y que saltando y gritando animosamente y moviendo azarosamente los brazos pudiera encontrase a sí mismo trepando los árboles, columpiándose de liana en liana, gritando en mitad de la jungla... quizá al amparo de algún vino o de la locura menos melancólica que el inmortal bardo haya experimentado. Por ello, quizá el proverbial mono dactilógrafo ya está terminando ese precioso engarce que dice:

Alas, poor Yorick! I knew him, Horatio: a fellow
of infinite jest, of most excellent fancy: he hath
borne me on his back a thousand times; and now, how
abhorred in my imagination it is! my gorge rims at
it. Here hung those lips that I have kissed I know
not how oft. Where be your gibes now? your
gambols? your songs? your flashes of merriment,
that were wont to set the table on a roar?...


Enrique López T.

lunes, 15 de agosto de 2016

ARCHIVO: INCEPTION, EL PRESTIGIO DE LO APARENTE

“El sueño es una segunda vida.    
Nunca he podido traspasar,    
sin sentir estremecimiento,    
las puertas de cuerno o marfil    
que  nos separan del mundo invisible”.    

—Gérard de Nerval, “Aurélia”.    


Todo acto de magia define un bello engaño, uno que estamos dispuestos a creer porque nos gusta maravillarnos, o quizá, porque nos gusta sentir que la realidad no es tan sólida, tan inalterable como a diario se obstina en demostrarnos. Christopher Nolan es eso, un mago, un ilusionista, en una de sus mejores cintas The Prestige (El gran truco, 2006), ya planteaba cómo la magia y la presencia de un doble pueden trastocar lo Real. En Inception (El origen, 2010) va un nivel más allá, al abordar los sueños de un modo muy particular.


Primero, les quita paradójicamente su calidad onírica, es decir, no refleja la “lógica” o falta de lógica de los sueños, no hay combinaciones o digamos “desvaríos” tan marcados o vertiginosos, ni símbolos universales reconocibles que invoquen cierta mitología o “psicoanálisis”, sino que inserta el orden de lo real en el sueño, precisamente para cuestionar la realidad en sus propios términos; por ello, los efectos son sorprendentes si se piensa conforme a las leyes y fuerzas físicas de lo Real, sin embargo, en el terreno de los sueños serían la regla y no la excepción.  

Segundo, mantiene su calidad sapiencial, el sueño sigue siendo esa ciudadela donde se vierte cierto conocimiento individual y colectivo, en estado puro. Desde siempre y sobre todo en la Antigüedad se reconoce que durante el sueño se revelan secretos, miedos, problemas, soluciones, esperanzas, deseos (a veces inconfesables) y todo el potencial del ser, que se confronta sin máscaras a su propio yo. Los sueños son la imagen de nuestra vida y, en el fondo, están hechos de la misma materia.


También gracias al sueño nos acercamos al misterio de la muerte, por este simple acto de cerrar los ojos, desaparecer para éste mundo (o más bien hacer desaparecer éste mundo) y acceder a otro que, parece ser real durante el trance, si bien hay grandes saltos en la continuidad, a veces tenemos la certeza de que aquello que ocurre es verdadero, incluso la sensación dura más allá del sueño, cuando nos despertamos con la experiencia de lo “vivido”–soñado. Y es que por contradictorio que parezca, el sueño también permite experimentar en ese extraño espacio–tiempo, el poder de la vida a todo su tamaño y esplendor sin limitaciones terminantes, pues el sueño es liberación, locura, conciencia, desafío, confesión, revelación y reconocimiento.   

Así, Inception explota las relaciones entre vida, muerte, vigilia y sueño, y lo hace mediante por reiteración, negación y contradicción a través de una veta cinematográfica de suspenso y acción que lo mueve a través de distintos niveles. El hecho de que un sueño pueda ocurrir dentro de otro, y otro, y otro… dilatando el tiempo y rozando una falsa eternidad, provoca una metamorfosis de la vida y su sentido, porque deja de ser una sola, única y además restringida Realidad; a la vez que también altera el sentido de la muerte porque deja de ser su límite definitivo, la muerte parece constituir el regreso a la vida verdadera, pero tarde o temprano no habremos de encontrar con el muro obscuro, el definitivo, la nada en estado puro. Y aquí es donde el artista realiza la prestidigitación.



A mi parecer lo que define la película no es lo adictivo de los sueños o lo peligroso de una idea, sino la culpa, y lo que define a la culpabilidad es esa trasgresión originaria que Cobb cometió contra su esposa, en ese espacio vital donde se es más creativo y poderoso, es cierto, pero también donde se es más vulnerable, el corazón del ser está expuesto, ya no hay forma de protegerse, se ha traspasado la última máscara, la última muralla que resguarda al yo de esos peligros.  

Cuando en los vastos y fértiles campos del sueño y bajo el cielo de la conciencia, el corazón se desangra herido de remordimientos, entonces la culpa ya ha impregnado el universo entero y tornará todas las fuerzas del inconsciente, no contra el “soñador”, sino contra el culpable que está soñando. Y es que hay que saber que, con mucha frecuencia, el monstruo que nos persigue en los sueños también somos nosotros.


Por ello, Cobb (un funcional Leonardo DiCaprio) es un ser resentido consigo mismo, llevado por la culpa se persigue con la proyección de Mal, su esposa, y se aferra a ella y a su pasado juntos, porque representa su felicidad y porque no es capaz de perdonarse por lo que hizo; es de resaltar que busca su castigo en el ámbito donde cometió la falta, y huye de la justicia humana comprometiendo su futuro. A pesar de ser un navegante, no viaja ligero, carga en su alma todo el peso de una vida (casi eterna) y está enganchado a ese tren que siempre aparecerá amenazante, rompiendo, irrumpiendo, golpeando, saboteando los planes de un futuro, y esto si lo piensan bien es aterrador.

Esto demuestra que todos los sueños felices son un deseo por retornar al paraíso perdido, por ello Cobb no puede dejar de soñar, no quiere dejar de recordar, no quiere dejar de buscarla y sobre todo quiere mantenerla viva, en ese espacio donde está viva, él mismo aunque lo consuma la culpa. Pero esta situación que nos muestra la cinta también demuestra que todos los malos sueños son un anticipo del Infierno que nos espera, ese Infierno cuyo camino está pavimentado de buenas intenciones, como la de Cobb para que Mal retornara a la realidad “verdadera”; pero una vez que él mismo sembró la duda ¿cómo reconocer lo real? Este leit motiv de la película no sólo es profundo y elegante en términos cinematográficos, siendo el cine un juego de espejos, sino también en términos filosóficos.


La aventura sucede espléndidamente con grandes recursos cinematográficos, la grandilocuencia es notable, pero auto-contenida en ese espacio onírico; y tal como el héroe mítico que entra en ese terreno hostil de su propia psique a lograr una hazaña, esto es a enfrentar sus propios temores y culpas, Cobb y sus “argonautas” lo hacen de la mano de los tejedores y de los ladrones de sueños. Pero el héroe sueña para entender, y he ahí lo bello del mensaje, que es responsable de sus actos aún en esa Tierra de posibilidades, que debe rescatar a los caídos y que es hora de dejar el pasado, pues sólo así podrá retornar con el tesoro anhelado, un futuro con sus hijos. Pero entonces el ilusionista Nolan vuelve a jugar con nosotros…  

¿Qué pasó al final? No lo sé… hay varios puntos de ruptura que dan posibilidades ilimitadas de interpretación de lo que pudo y no pudo ser, sobre qué es los Real y lo Onírico, pero me dirijo a un desenlace que me parece no cancela los demás finales y que me deja tranquilo, y este es el siguiente: por el bien de Cobb, de su equipo, incluso por el bien de nosotros espectadores, espero que la pirinola se haya detenido porque está en juego no sólo lo Real sino la confianza en el futuro, porque debemos ser más misericordiosos con aquel que se atreve a soñar y con el que se quiere responsable de sus actos, y sobre todo porque el Cine, sueño colectivo, ya es el único lugar donde (casi) se admiten los finales felices.


Enrique López T.

miércoles, 10 de agosto de 2016

QUANTA {TROVADOR}

Quiero cantar para olvidar,
          pero entre más canto
          más recuerdo;
y el dolor me hace a cantar otra vez…

     ¡Ven,
     ven por Dios,

     ¡córtame el cuello!!


Enrique López T.

lunes, 8 de agosto de 2016

COTIDIANO {INTERROGACIONES}

Para Gretel               

¿A dónde fue la luz de la noche? ¿A dónde nos lleva el camino de la obscuridad? Son muchos los ciegos a causa de la luz, pero son pocos los que se encuentran a sí mismos en el camino sombrío. Siempre estoy preguntándome por la luz que se pierde, por la claridad que deja de habitarnos, por el relámpago que nos devuelve a nuestras profundidades justo en el momento de más claridad, justo cuando pensamos que estamos a salvo, pero las certezas se equivocan, siempre. A los ciegos nos intriga la luz y su forma salvaje, volcada, su oficio geométrico, su sabor y su textura sin sentido; su linaje y odisea, su soledad y decaimiento; su velocidad fuera del vacío, dentro del corazón, por un lado del tiempo; nos intriga su rabia sin fiereza, su placidez en los domingos de patíbulo, su proceso de empaquetado, su discreción, su intervención extranjera en lo diminuto; su raciocinio y su  locura, la oportunidad y los límites con la que la forjaron en evidente declaración de paradoja… antigua, nueva. Y también siempre estoy preguntándome por los caminos de Dios, que no son misteriosos sino exigentes y caprichosos, tanto como excéntrico es el Destino que coloca trampas fuera y dentro de nosotros, y espejos que miran en otros espejos su reflejo; me pregunto por las posibilidades de lo real frente a la Realidad que va perdiendo sentido y se va convirtiendo en un delirio cotidiano; me pregunto por las excepciones, por los prodigios, por los milagros que se nos niegan al caso por caso, pero que se conceden a la multitud que cruza la calle y no los reconoce hasta que yacen colgados por las alas en la carnicería o seccionados en el sermón del domingo; y por supuesto, me pregunto por esa obscuridad que te guía con terquedad hasta tu rostro verdadero, para que al verlo sientas vértigo, y caigas en tu propia boca justo cuando el grito emerge de ella, cual relámpago que te devuelve a tu raíz más obscura; y también me pregunto por esa otra obscuridad que te toca justo en el sitio donde el corazón empieza a titubear, se arrepiente y siente frío, y uno no puede preguntar más que: ¿dónde estás amor mío?, ¿a dónde fue la luz?, ¿a dónde nos lleva este camino?


Enrique López T.

miércoles, 3 de agosto de 2016

COTIDIANO {TRINCHERAS}

Para Gretel          

Las últimas calles embellecidas por la lluvia y los objetos perdidos que te encuentran. Esto es la paz de las trincheras. Y sin embargo, a estas calles de oro les falta tu perfume de iridio dulce, hondo… entrecortado por el sabor de tus labios bajo algún dintel discreto y cómplice; y los objetos perdidos necesitan ser menos efusivos en el encuentro, ya no tengo película para filmarlos en cámara lenta y esto claramente no es Hollywood, a menos de que, claro, siga soñando. La vida es un sueño dentro de un sueño, dentro de otro sueño que ya nadie sueña, porque funciona en automático. No puedo evitarlo, el hastío se desbalaga por pasillos de un laberinto muy parecido a la biblioteca sin número, a las páginas lentas de una novela romántica, a las notas de El silencio de Roy Etzel, a mi agonía que pasa corriendo con una antorcha en la mano. ¡Cómo te veneran las multitudes que en mí habitan! Ponte tu sonrisa y salgamos a algún sitio a que dibujes el mundo con azúcar. Al ver estas calles y el campo de batalla más allá de los recuerdos y las canciones de Dylan me doy cuenta que caí en mi propia trampa: me pregunté si algún día recuperare el corazón que perdí en aquellos ojos, en aquellas mejillas frías, en aquel cuerpo de marzo que llovía la esperanza de los días de primavera. Quizá ya todos conozcan la respuesta. La suerte ya está echada y juega por la izquierda los domingos, desgastando los dados como augurios sin espada. ¡Dios, Santo Dios, te estoy hablando… ¿otra vez hiciste trampa?!


Enrique López T,

lunes, 1 de agosto de 2016

APOSTASÍA

La tristeza que reduce al hombre a rocas sobre una roca, una sola sosteniendo el desconsuelo.

La desilusión que quiebra al hombre en astillas ¡tan personales! que si anidaren… derrumbarían el cielo bajo el insoportable peso de sus alas.

La debilidad que hace al hombre un sermón de golpes, un rezo de heridas y una masa sin peso, ni trascendencia.

Pero ante todo, el hombre que se traiciona a sí mismo, dándose a la debilidad, al sermón, a la piedra, a la astilla, al desconsuelo y a la tristeza sin oponer resistencia, sin oponer los brazos 
sino el alma… 

cosa gravísima.


Enrique López T.

jueves, 28 de julio de 2016

CAPRICHO: NADA

Pasan los días,
     semanas siempre iguales…

     la nada que tú eres
          todo lo inunda
               con ausencia,

hora tras hora te he visto
     anegar mi corazón 
          con sueños

               y vaciarlo de esperanza



Enrique López T.

martes, 26 de julio de 2016

CINE: ELVIS & NIXON: PAR DE REYES, MÁS EXTRAÑO QUE LA FICCIÓN


“Recibí un mensaje de Elvis, mi amor     
estaba escrito en luz neón,     
su golden góspel me iluminó…”    
—Jaime López     


A Nixon le gustaba sentirse rey, procedía de una realeza que se impone, pero como a todo rey le fascinaban las cortes, los portentos, las estatuas de oro… le gustaba rodearse de figuras públicas que le transmitieran algo de su brillo. En 1970 recibió, por lo menos a dos figuras señeras de la cultura estadounidense: primero a Joe Frazier quien le pidió un don, una dádiva real, que le regresara la licencia de boxeo a Alí para poder vencerlo, un año después se cumplió el deseo. El segundo y más importante fue Elvis Presley quien también le pidió un don casi igual, una licencia pero para él, una placa federal —que anhelaba fervientemente— para “derrotar a la cultura de la droga”… No es casualidad que ambos suplicantes fueran derrotados por sus respectivos enemigos, Nixon parece un “anti rey Midas”, pero cualquiera puede ser injusto e inicuo con el despreciado (ex)presidente gringo quien, sin embargo, ha inspirado tantas buenas películas.

Y esta, sorpresivamente, no es la excepción: «Elvis&Nixon» es entretenida y construye un divertimento medio disparejo pero ameno durante casi noventa minutos, y al final te deja satisfecho, es eso o ya traía el hambre de cine medio atrasada. La película dirigida por Liza Johnson retoma el encuentro entre El Rey del Rock y el “Líder del Mundo Libre”, antes de la Navidad de 1970, 21 de diciembre para ser exactos, esto es antes de que Nixon empezara a grabar sus conversaciones. ¿De qué hablaron, qué se dijeron durante esos más de 40 minutos, fue una batalla de egos o una comunión inusitada? No lo sabemos pero imaginarlo es el trabajo del cine.


Así las imaginaciones, lo que más impresiona es que la ficción se alce sobre uno de los hechos históricos más famosos para los gringos y más inverosímiles para el mundo entero (incluyéndome), e impresiona y que todo armonice aceptablemente bien. Aunque está basado en testimonios reales como el de Krogh o el de Schilling, hay vacíos que hay que llenar, el oficio de los guionistas Joey Sagal, Hanala Sagal y Cary Elwes es evidente, saben dónde poner los acentos, esos pequeños detalles que le dan sentido de realidad a la ficción, verisimilitud a la invención, y los detalles funcionan porque se conectan con hechos conocidos que encuentran ahí su eco y porque otros son íntimos, enfocados a mostrar algo del alma de los personajes contrastados con su origen, con su pasado y con el entendimiento que tienen de su mundo; todo esto a través de excelentes actuaciones:

Michael Shannon es quizá un Elvis demasiado áspero y descarnado, no puede acallar esa mirada furiosa por eso el uso de los ‘lentes Elvis’ es crucial, no logra nunca el encanto sureño de ‘El Rey’ pero por momentos encuentra el tono que nos transmite el alma del hombre detrás del oropel y casi en el límite de la fuga logró convencerme de que el que estaba ahí en la pantalla pudo ser el propio Elvis y no un imitador que se coló a la ficción. Mismo caso pero un grado más arriba está el gran Kevin Spacey quien labra al ex–presidente sobre las manías y el carácter férreo del ‘self-made man’, está visto que el actor entiende el poder a distintos niveles, de ahí que no traiciona al personaje, nunca condesciende a la caricatura fácil, lo dota de los gestos, sí… pero además le da dimensión de carácter, y para hacerlo más extraño de una simpatía auténtica, insólita, y eso es lo realmente difícil. Un Nixon mejor que el de Hopkins, creo yo.


La película tiene el tino de tender líneas para ambos personajes centrales hasta que luego de algunos giros, pausas y retrocesos llegan, se encuentran… por eso creo que es una comedia con su dosis de thriller, aun cuando sepamos perfectamente que el encuentro se da, los términos para confluir en esa sala oval tienen su encanto natural, que hace que nos quedemos hasta el final de la cinta. Durante el último tercio de la película se da la esperada conversación.  El punto es que el hecho es real, como se consigna en la carta el motivo es su preocupación por la oleada anti-americana y para solicitarle una insignia como Agente Federal Independiente (de la Bureau of Narcotics and Dangerous Drugs) para que, infiltrado, luchara contra el imperio de las drogas que ya se alzaba amenazante contra ‘America, America’. Las implicaciones son enormes.

El hecho por sí mismo es surreal, así como todo lo que sucede alrededor y que la cinta nos permite disfrutar, eso provoca la sola presencia de Elvis, es un “animal mítico” demasiado especial incluso para su época. No obstante, la cinta tiene su profundidad con dos pinceladas me hizo entender como Elvis se vaciaba y se daba cuenta de esa cosificación del ídolo, ya que el personaje se impone a la persona y es que el artista entrega todo cuanto tiene y más. Incluso entendí como Elvis pasó de rechazar absolutamente las drogas a consumirse en ellas y todo gira alrededor del sentido de legalidad del ídolo de ídolos: Elvis «sentía» que al obtener drogas de un doctor no era ilegal y por lo tanto no era un adicto, Elvis «sentía» que al tener su placa, su identificación de antinarcóticos podía entrar al fuego sin quemarse. Todos, reyes y vasallos, jugamos a engañarnos.


Ya decía que las actuaciones individuales son magníficas pero el conjunto es impresionante, realmente esos dos ahí logran crear un momento para recordar, logran tender verdaderos lazos de simpatía y connivencia entre este par de reyes, que de entrada hubiéramos pensado (y así se plantea) iban a chocar irremediable y estrepitosamente, pero hay puntos de unión y de identificación que realmente, al menos en la cinta, logran esa comunión… la gracia es atestiguar cómo se hace. Se abre paréntesis: y este es un aspecto que esta por doquier en el cine gringo que, personalmente, envidio… esta identificación real como «americanos» que tienen los gringos sin importar la mayoría de los casos su origen, raza, posición social… esta cultura del esfuerzo y del logro personal, y eso es lo que verdaderamente crear y tener una nación, al menos en el imaginario cultural. Se cierra paréntesis.

A Elvis le gustaba sentirse el rey, pero él pertenece a la aristocracia del arte, a la realeza de los escenarios, su vida trasciende la leyenda y la leyenda enriquece su vida: revolucionó una época anquilosada, no sólo propagó la música negra como el blues ‘sucio’, el rhythm and blues, el jazz o hasta el soul entre los blancos, sino que impulsó y movió el rockabilly y el rock and roll hasta niveles de hard–rock o góspel, mezclándolo con un country poderoso, es auténticamente ‘El Rey Criollo’. Su estilo voluptuoso se impuso y dejó escuela, su legado es inconmensurable. Pero como todo rey, y Lear lo sabe, lo vencen sus propias debilidades, no el mundo allá afuera, sino el mundo que trae en su interior y que no puede dejar, siempre regresa a llenar los espacios que se vaciaron.


Aunque el final de la película es bueno y entretenido, con conexiones divertidas a muchos otros sucesos y películas, algo hay de congoja, atestiguar cómo empieza el declive de un auténtico rey, cómo se sientes esos límites y se empiezan a adivinar esos abismos, la última escena, antes de dar cuenta de la suerte de todos los personajes, es particularmente indicadora para los fanáticos de Elvis… ahí queda. Quizá hay poco que reprocharle a una cinta que es lo que es, sin querer ser otra cosa distinta, pero hay una ausencia como una casa (blanca) o una en Graceland y esa es la música de Elvis, hay buen música como apuntes de época y no sé ni siquiera cómo hubiera calzado el rock del rey, pero francamente se extrañó…

Al final tengo la certeza de que los que uno anhela puede ser posible, por más alto o disparatado pueda parecer, tanto para el hijo de unos agricultores cuáqueros como para un presidente, como para el hijo de una familia protestante pobre como para una estrella del rock. Al respecto y para terminar Elvis Presley nos habla: “Cuando era un niño, damas y caballeros, yo era un soñador. He leído cómics, y yo era el héroe del cómic. Vi las películas, y yo era el héroe de la película. Así que todos los sueños que había soñado, se han hecho realidad un centenar de veces...”.


Enrique López T.



miércoles, 6 de julio de 2016

SUCESOS {IMPERIO}

“No pasa nada”, es sólo el tiempo. Se estremece la distancia. Sucede de todo y de a mucho, dentro y fuera de cuanto límite hay en el universo, incluyendo estas puertas que cantan, y que olvidan, y que transitan en la memoria por un hilo de oro. Sucede de todo, en algunos casos hay alguien que vive para contarlo. Aún estás lejos. Hoy, por ejemplo, me callo el corazón que hace usanza de noche y cansancio, de botella vacía, de roca infinita, de entrecoro balístico… y lo callo sólo para que la obscuridad se desoville junto a mi sien, electricidad bajo los párpados, y en el latido que viene se quite su procesión y pueda preguntarle, sin el riesgo de morir decapitado, por la tersura de tu espalda y por el sabor de tus pechos. No hay olvido. No hay heroísmo en tocar la zarza ardiendo o preguntarle a un Dios que fue por una botella de whiskey y vasos. Bebí ciudades que estallaron en capullos y ruinas, bebí de la felicidad de tu boca... y la cruda es feroz sin el elixir de tus ojos: pero no te enojes conmigo, sólo estaba poniendo a prueba mi corazón contra el fuego y el diluvio, contra el olvido y el alcohol… tu imperio.


Enrique López T.

lunes, 4 de julio de 2016

BÍBLICA (1): UNIVERSAL

Para Gretel               


{Sencillamente Dios 
ha desatado el Diluvio Universal 
para que no se noten 
Sus Lágrimas 
si alguien Lo Ve Llorar...}

Un día vendrá la tormenta absoluta que limpiará nuestro corazón y nuestra alma.

En tanto viene la tormenta perfecta, me contento con este diluvio que ominosamente lo cubre todo, sin saña, sin condena, sin cansancio… ni pena. 

Yo había creído hasta ahora que nuestra salvación vendría en un arca hipotética y roja… lo bastantemente pequeña para salvar a algunos cuantos afortunados, pero ha sido suficiente con esta ciudad flotante que navega portentosamente la ola salvaje del cielo…

…y resiste con orgullo el magnífico embate de Dios…


Enrique López T.